El estudio histórico de la fotografía

El estudio histórico de la fotografía

En el país, se respira actualmente un especial  interés por la fotografía y su historia, tanto nacional  como internacional. Ello se evidencia en estos meses en las numerosas  exposiciones, charlas, artículos de prensa y  publicaciones que se han sucedido simultáneamente y  que sin duda han proporcionado al campo de la historia una motivación particular por su análisis y comprensión,  que parte del entendimiento de que los materiales  gráficos representan una fuente extraordinaria de  información que, bien utilizada, permitirá un mayor y  mejor acercamiento a nuestro pasado. 

En países como Alemania –y nos basamos en algunos  ejemplos citados por la socióloga y fotógrafa Giselle Freund, en su libro La fotografía como documento social–, se ha utilizado la fotografía con estos fines: las  imágenes de Hitler y sus seguidores, realizadas en su  momento con fines propagandísticos, posteriormente han  servido para la reconstrucción de importantes episodios  ocurridos durante el florecimiento del nacionalsocialismo,  que no estaban del todo esclarecidos. 

Esto abre un campo de estudio novedoso en  nuestro medio, pues lo escrito sobre el tema es bastante escaso, en contraposición con la abundante bibliografía existente en el extranjero, que abarca los  más diversos enfoques. 

El estudio de la historia de la fotografía, así como  el de las otras formas de reproducción de  imágenes, tales como dibujos, litografía, pinturas y  grabados, representa una verdadera necesidad ya  que su producto complementa y enriquece trabajos  realizados sobre el acontecer nacional y se sale de  los marcos tradicionales de lo que ha sido hasta  ahora la mayor parte de nuestra historia, que  pretende comprender la realidad desde una sola  óptica, ya sea esta política, económica, militar,  social o cultural. 

Además de los obstáculos existentes en cualquier  tipo de investigación, como la falta de subvención, la  repetición de datos y afirmaciones acerca del tópico  respectivo sin la debida sustentación, además de los  inconvenientes para la consulta de determinados  materiales, ya sea por encontrarse estos en archivos  extranjeros o por ser de difícil acceso al público, los  documentos iconográficos plantean numerosos y  específicos problemas tales como la ubicación de lo  retratado, tanto en el tiempo como en el espacio; la  determinación de quiénes fueron sus autores; el lugar  donde actualmente se encuentran; su condición física y  la dificultad en la localización de datos biográficos de los  fotógrafos (sobre todo de los artistas ya fallecidos), lo  que requiere una paciente búsqueda de sus  descendientes y allegados. 

De las entrevistas realizadas a estos, y de la consulta hemerográfica, surgen las informaciones  acerca de la utilización de las diversas técnicas  fotográficas en el país.  Los materiales producidos por los principales  fotógrafos se encuentran diseminados, en su mayoría, entre numerosas familias que por una u  otra razón han logrado conservarlas. 

En ciudades como Barquisimeto, en la década  de los treinta, todo ciudadano de cierta figuración  social, era retratado por el fotógrafo y cineasta Amábilis Cordero, así como en Caracas era símbolo  de distinción retratarse con “Torito”, Balda, Pietri,  Manrique o Ramírez y Co. En Ciudad Bolívar, como señala Rafael Pineda, cumplía una función similar  el fotógrafo Rebolledo. 

Quienes poseen estos tesoros icono-históricos manifiestan algunos reparos a mostrar y permitir las  reproducciones de sus fotografías, ya que  desconfían del buen uso que se haga de ellas o  bien, en algunos casos, desconocen el valor  documental de las mismas, al considerarlas sólo  una parte de los recuerdos familiares. 

Por último, otros escollos que debe enfrentar el  investigador son la falta de clasificación de los  materiales y una identificación de la época, personajes y  lugares que aparecen contenidos en las fotografías, ya  que en gran parte ésta es deficiente o simplemente no  la hay, cuestión que se agudiza con el paso del tiempo  ya que se hará cada día más difícil esta tarea.  

Un caso concreto es el de la valiosa colección de  Luis Felipe Toro, “Torito”, que se conserva en el  Concejo Municipal y que constituye una de las labores  más urgentes a realizar, con el fin de que dichos  materiales puedan ser utilizados como fuente  documental de cincuenta años de vida política del país.

Este artículo fue publicado en el diario EL NACIONAL, 28/10/1979, pág. A–5. Caracas, Venezuela.

Créditos de la fotografía: Reencuadre de «Acto oficial con Juan Vicente Gómez», ca.1934. Fotografía de Luis Felipe Toro. ©ArchivoFotografíaUrbana.

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