Cuando se estudian las imágenes (fotos, dibujos, grabados, litografías y pinturas) de los años cercanos a la emancipación de los esclavos (1854), uno se encuentra con un material que expresa clara e inequívocamente los tabúes raciales de la época.
Lo primero que se advierte es la escasez de personas negras o morenas y que las pocas veces que se les incluía, los retratados o pintados tan sólo eran tomados como elementos de la composición.
En los paisajes caraqueños que tenían como motivo central las construcciones coloniales –las iglesias, las calles y los mercados–, o simplemente la flora, la fauna o el ambiente, los individuos de piel negra que aparecen están realizando alguna labor: cargando bultos, arreando animales o, en el caso de las mujeres, acompañando a las señoras a los templos, principalmente a la Catedral. En estas imágenes destacan, por sus ricos ornamentos, los representantes de los poderes públicos y la gente adinerada de la capital.
La observación de los dibujos y fotografías de Federico Lessmann, por ejemplo, de los grabados de Richardson y las litografías de H. Neum no da otra idea sino que el hombre negro sólo era tomado en cuenta como un componente decorativo del paisaje.
Al tratar este tema, sin embargo, es necesario hacer la salvedad de que en el tiempo previo a su emancipación, los negros fueron objeto de diaria atención por parte de la prensa, dado que en ella se publicaban avisos y viñetas alusivos a los esclavos prófugos, lo cual revela la gran cantidad de fugas que se producían y la persistencia de los “propietarios” en su búsqueda. En tales imágenes se veía la silueta de un esclavo o esclava con un bulto o morral a cuestas, que iba a la carrera.
También en los días posteriores a la promulgación de la ley, 24 de marzo de 1854, fueron varias las ilustraciones publicadas en la prensa sobre este hecho, siendo una de las más interesantes, por su gran carga simbólica, la correspondiente a un grabado de autor anónimo que ha sido comentada y reproducida por autores como Guillermo Meneses en su Libro de Caracas y Manuel Pérez Vila en La caricatura política en el siglo XIX.
En este grabado de carácter oficialista, que trataremos ligeramente de describir, la composición se centra en la figura de José Gregorio Monagas, a quien se ve ofreciendo, más a los espectadores de la lámina que a los mismos esclavos, un pergamino con la consigna “¡Viva la Libertad!”.

El gobernante aparece acompañado a su derecha por un grupo de caballeros altivos (los diputados), todos ellos blancos, bien trajeados y con actitud paternalista. En la parte superior central, emerge el perfil de Simón Bolívar sumergido en una nube gloriosa, como padre de la acción libertaria.
A su izquierda, los esclavos, verdaderos protagonistas del momento, son representados con sus cadenas rotas y manifestando una alegría controlada y sumisa. Varios de ellos aparecen arrodillados en posición de acción de gracias.
Sin lugar a dudas, el creador de esta imagen volcó en ella todos los valores sociales y políticos de la época, en que los gobernantes trataban de difundir la idea de que la emancipación era una prueba más de su sentido humanitario y altruista.
Con la promulgación de la ley de libertad de los esclavos desaparecieron las viñetas relativas a los esclavos prófugos en la prensa y se dejaron de lado las alegorías libertarias quedando, sin embargo, latentes los vestigios discriminatorios.
A partir de ese decreto tampoco aumentaron sustancialmente las imágenes de negros en la iconografía venezolana, siendo sólo en los últimos años del mismo siglo XIX, cuando se comienzan a ver en mayor cantidad, apareciendo inmersos en grandes grupos familiares o gremiales captados por el lente fotográfico.
Si consultamos el cuadro sobre la estructura étnica de la población venezolana de principios de dicho siglo, proporcionado por Federico Brito Figueroa1, vemos que entre pardos, negros libres, manumisos, negros esclavos y negros cimarrones, se alcanzaba el 61,3 % de la población, constituyendo los pardos la mayor parte de este porcentaje, lo cual lleva a reflexionar sobre el enorme peso de los condicionamientos sociales en la selección y enfoque de los distintos temas o aspectos a tratar por los artistas venezolanos de entonces, ya que con tan altos índices de mestizaje, lo normal habría sido que el negro o individuo de piel oscura se hubiese erigido en personaje o modelo obligado de los creadores de imágenes.
Sobre la presencia del negro en la iconografía, en otros países se presenta una situación diferente a la venezolana pero no menos discriminatoria. Por ejemplo, en los Estados Unidos han sido conservados en las colecciones del International Museum of Photography, de Rochester, y la New York Historial Society2, dos daguerrotipos. El primero, fechado en 1850, representa a una mujer negra con un libro en las manos, en una actitud clásica de las fotos de estudio de la época. El segundo, de gran valor documental, corresponde al digno y sufrido rostro de César, el último negro esclavo de Nueva York y es de 1851.
Tanto una como otra imagen nos hablan de la proyección del modelo político norteamericano y no de la verdadera situación del negro en los Estados Unidos. Porque, pese a la supuesta liberación de los esclavos, lo cierto es que aún hoy en ese país se sigue siendo ejerciendo discriminación racial hacia negros, indios y mestizos.
1 Federico Brito Figueroa, Historia económica y socia de Venezuela, Tomo I, Ediciones de la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1975, p.160.
2 Beaumont Newhall, The daguerrotipe in America, Dover Publications, Inc., New York, 1976, s-p. ilust. 96-97. Página 56.
Este artículo fue publicado en el diario EL NACIONAL. 15/11/1981, pág. A–6. Caracas, Venezuela.
Créditos de la fotografía: Desconocido – Historia Contemporánea de Venezuela. Primer año del ciclo diversificado de la Educación Media ISBN 978-980-211-2661
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