El rostro comercial de Caracas

El rostro comercial de Caracas

Las manifestaciones artísticas y culturales del  país, dentro de las cuales se cuenta la fotografía,  siempre han estado ligadas al acontecer  económico, tanto en lo que respecta al mercadeo  de sus materiales y obras terminadas, como a los  personajes que han figurado en ella. 

Hasta su masificación –es decir, hasta que cualquier persona pudo tomar imágenes o aparecer en ellas–, la casi totalidad de los retratados pertenecía a los grupos poderosos de la economía. Los restantes sólo se  hacían dignos de estar ante una cámara si se les  consideraba una curiosidad viviente: por ejemplo,  personas muy altas, muy pequeñas, con alguna  deformidad o gran belleza. 

En el último cuarto del pasado siglo XIX y en  las primeras décadas del XX no nada más fueron  objeto del lente los negociantes, sino también los  locales comerciales, especialmente cuando la prensa pudo reproducir las fotos. Tal actividad, que ahora denominamos publicitaria,  era muy apreciada por los comerciantes, aunque no por  los fotógrafos, que en modo alguno se preciaban de  realizar esa labor. 

Prueba de ello es que quienes con orgullo  estampaban sus sellos y firmas en los retratos,  paisajes, tomas de eventos familiares y oficiales –a  pesar de que la mayoría eran hechos por encargo–, se mostraban reacios a identificar como suyas las  gráficas tomadas a o en los negocios. 

Panaderías Marca R (1900) – Juan José Benzo

Salvo casos muy excepcionales, las fotografías  de este tipo que hoy se consiguen en colecciones  privadas o de museos y también en la prensa  carecen de firma.  

Muchas muestran las fachadas de casas coloniales,  convertidas en negocios, con sus avisos adosados a  las mismas o desplegados al viento. También se  observan imágenes de interiores, un conjunto de las  cuales –las de la agencia Singer, de máquinas de  coser–, ha llamado nuestra atención porque  aparecieron en la prensa, sucesivamente, durante  varios años, a partir de 1913. Como era costumbre,  ninguna de ellas exhibía el nombre de su autor. 

Para fortuna del historiador que emplea la fotografía  como documento, dichas imágenes permiten una  reconstrucción –obviamente, fragmentaria–, de lo que  podríamos denominar el rostro comercial de Caracas,  entre 1870, aproximadamente, y 1930. Pero, aunque  parcial, ese rostro es un elemento sumamente valioso,  si más allá de las descripciones con palabras queremos  hacernos una idea de cómo eran los comercios  caraqueños en el lapso mencionado, y las relaciones  entre dueños, empleados y clientes. 

Hubo, sin embargo, un fotógrafo que se dedicó  especialmente a este tipo de actividad y, aunque al  principio tampoco firmaba sus trabajos, con el tiempo  terminó haciendo escuela. Me refiero a Juan José Benzo, fotógrafo y comerciante,  descendiente de Juan de Dios Benzo –viajero proveniente  de Santo Domingo–, y Dolores Martínez, nacida en el país.

Benzo captó, además de retratos y paisajes,  sugerentes imágenes de los comercios capitalinos de  principios del siglo XX. Bodegas, barberías,  cafeterías, panaderías (como la de la Marca R) y  farmacias (es conocida su foto de la Farmacia Velásquez, ubicada en la esquina del mismo  nombre), donde aparecen numerosos frascos de cristal, largas estanterías de madera y a veces algún espejo que, a la manera de “Las Meninas” de  Velásquez, juega con el espacio. En estas gráficas,  uno o varios personajes –evidenciado su nivel social, por su indumentaria y postura–, aparecen ubicados  detrás o alrededor de los mostradores. 

Aunque este tipo de retrato seguía un patrón, Benzo lograba hermosas composiciones que lograban  sintetizar la vida de los comercios caraqueños. 

Una de las escasas fotografías de este tipo que  conseguimos firmadas, aparece en la revista ACTUALIDADES, del 9 de septiembre de 1917. En la  misma puede verse la sede de Casa Central –uno de  los mayores locales comerciales de la Caracas de  entonces–, hecha por Arturo Guerra Toro, profesional que tuvo una gran actividad en la fotografía oficial y de  prensa, junto a su pariente Luis Felipe Toro, «Torito». Éste, por cierto, se dedicó durante las épocas  navideñas a obtener numerosas fotos para la Juguetería Santana y Cía., Sucesores. 

La situación descrita dentro del campo de la  fotografía publicitaria no es propia tan sólo del pasado de Venezuela y del venezolano, ya que ahora, dentro y fuera  del país, este tipo de materiales sigue siendo, por lo general, anónimo.

Únicamente, un reducido grupo de fotógrafos, como Richard Avedon, en Estados Unidos, han asumido la  fotografía en el medio comercial como algo digno e  incluso creativo. Y gracias a esto el renombre alcanzado  por ellos ha vuelto de rebote a los objetos de su trabajo,  confiriendo un valor agregado a cuanto retratan, trátese  de productos o personas. 

Pulperia, Caracas, Venezuela (circa 1900 -1906) – Juan José Benzo

De hecho, el auge de las empresas trasnacionales – principalmente en los campos del automovilismo, la  moda e incluso los alimentos y bebidas–, se debe en  parte a este tipo de fotógrafo pues, en buena medida,  su contribución a la formación de las llamadas imágenes de marca ha sido de gran importancia.

Este artículo fue publicado en el diario EL NACIONAL, 19/10/1980, pág. A-6. Caracas, Venezuela.

Créditos de la fotografía: Pulperia, Caracas, Venezuela (1900 -1906) – Juan José Benzo

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